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El Tiempo
Los valientes, en pie de lucha


Foto: Fernando Ariza / EL TIEMPO
Francisco Pedraza (izq.) y Édgar Cardona (der.) son dos de los más aventajados deportistas discapacitados de las Fuerzas Armadas. Pedraza encontró en el atletismo y en el buceo la recompensa a la pérdida de sus piernas. Cardona ahora combate con las alturas.

Tres testimonios de guerra, coraje y superación. 'La discapacidad está en el cuerpo, no en la mente'.

Mientras señala su pantorrilla, que en su memoria permanece musculosa y sana, el soldado profesional Édgar Cardona se enorgullece de su prótesis de la pierna derecha y, con voz altiva de arrastrado acento paisa, dice: "Como esta solo hay cinco en el país. Es de titanio. Casi ni la siento".

Cardona perdió esa parte de su pierna por un balazo de AK-47 ("una efectiva arma de fuego largo", dice), el 29 de noviembre del 2002 durante unos combates contra una columna de las Farc en
El Capricho (Guaviare), apenas días después de que se levantara la zona de distensión.

"Tenía 30 años... Me gustaba ir al frente en el combate... Nunca pensé que me fuera a pasar a mí... De pronto, en medio de un enfrentamiento 'de lo más de sabroso', siento que me dan. Me miro la pierna... ¡Estaba muy fracturada y llena de sangre! No fue el dolor, sino los nervios los que no me dejaron seguir. Me dio tristeza, angustia, rabia...", recuerda.

El combate no paraba. Cardona no pudo salir rápido del área de fuego cruzado. Sus heridas se infectaron y la única vía para mantenerlo vivo fue amputarle de la rodilla para abajo. "Que sensación tan extraña... En el Hospital Militar de Bogotá estuve deprimido, sin recibir visitas... Todo cambió cuando me amputaron: llegó una luz, surgió un ánimo que uno no se explica...", cuenta quien desde entonces se ha dedicado a fortalecer el resto de su cuerpo, a practicar atletismo y a estudiar: en diciembre se gradúa de administrador de empresas.

Hoy, cuatro años después, a este guerrero antioqueño (nacido en Guarne en 1972) no le faltan piernas para soñar con alcanzar la cima del Nevado del Cocuy, a 5.200 metros de altitud. Se prepara desde hace un mes y espera coronarlo entre el 26 y el 31 de diciembre próximo. No sería su primer nevado: ya subió el del Tolima en el 2004. Lo hizo en seis días: cuatro subiendo y dos bajando.

Ahora, junto con ocho compañeros más del equipo atlético de la Liga de Deportistas Discapacitados de las Fuerzas Armadas, lo intentará en otras circunstancias, pues en la escalada tendrá una sofisticada prótesis bien ajustada al extremo de su pierna. En la parte del muslo, la pintó de rojo y azul y le puso un escudo del club de fútbol Deportivo Independiente Medellín.

Su reto, cuenta, es vencer el dolor. Soportarlo, tolerarlo en la montaña y en la nieve. "Por elegante que sea (sic), con la prótesis se siente maltrato por el contacto. Además duelen las caderas porque ese es un terreno muy quebrado", explica Cardona, metido en los 1,84 metros de estatura que mueve con rapidez y agilidad entre pesas y barras del gimnasio Bodytech de la avenida 68, en Bogotá.

Como pez en el agua

A 15 metros de donde se ejercita Cardona, el sargento Francisco Pedraza es el centro de atención de otros militares que gritan y aplauden cada vez que sube y baja una barra con 40 kilogramos de peso a lado y lado. Se cree 'Rambo' y se ve fuerte desde la cabeza hasta unos centímetros debajo de su cintura. No tiene sus piernas completas. Su vida cambió la mañana del 2 de septiembre del 2004, en un campo minado por la guerrilla: iba en busca de los cuerpos de sus hombres muertos en combate en la Unión Peneya (Caquetá).

La noche anterior su grupo de contraguerrilla había sido emboscado. El combate se prolongó por horas. A las 7:30 de esa mañana de septiembre sintió la explosión en su cara. Una mina antipersona le desapareció la pierna derecha y le hirió gravemente la izquierda. Horas más tarde, en Florencia, le amputaron lo que quedaba de esa extremidad.

Inconsciente, fue trasladado a Bogotá, donde reaccionó 12 días después. Se despertó y con lentitud extendió su brazo en busca de un tobillo para rascarse, pues la comezón lo desesperaba...

"La sensación fue de incertidumbre. A los 28 años, yo lo único que sabía -y me encantaba- era de la guerra: llevaba diez años en el monte, disfrutaba los combates, la bala, la sangre... Era un verdadero guerrero. ¡Y verme mutilado no me dejaba muchas esperanzas!", admite.

En el Batallón de Sanidad del Ejércitro, mientras se recuperaba, aceptó ingresar al grupo deportivo. Ahora ya cuenta tres medias maratones de Bogotá, tres de Medellín, tres de Cali y una de Miami (E.U.).

El sargento Cardona no subirá a la cima del Cocuy. Él prefiere la tranquilidad de las profundidades y el próximo 14 de noviembre estrenará su curso de buzo en aguas abiertas, en Santa Marta.

Firme, mi coronel

El coronel Gabriel Cardona Galvis encabeza y promueve las misiones de bucear en Santa Marta y de buscar una cumbre en el Nevado del Cocuy. Es el presidente de esta liga de deportistas que cuenta con 70 atletas de alto rendimiento. El robusto oficial del Ejército perdió su pierna izquierda en el 2000 por la explosión de un cilindro bomba, en Arauca.

"A pesar de haber quedado lisiado, seguía conservando la fortaleza física. Me ayudé sicológicamente y desde entonces me preocupo por ayudarles a los que viven lo que me tocó a mí. La discapacidad está en el cuerpo, no en la mente", asegura sin ocultar que desea que de sus hombres salga por lo menos uno que realice una marca mínima para competir en los Paralímpicos de Pekín-2008.

"A mí sí me cambió la vida, no le voy a vender paraísos, pero siempre he dicho que no me le subo a una silla de ruedas ni muerto", agrega, valiente, el coronel.

El sargento Pedraza y el soldado Cardona son dos de las fichas clave que tiene el coronel para cumplir esa meta. "Son fuertes mentalmente y soñadores", explica.

El oficial Cardona llega hasta donde Pedraza sigue levantado pesas. En tono de orden le grita con humor negro:

-"¡Quiero ver esas piernotas pataleando en el mar!".

-"Dentro del agua no se extrañan las piernas, mi coronel" -responde con coraje, pero con respeto, el sargento-. "Si hubiera sabido lo que sentía al bucear, me hubiera hecho amputar antes...".
Metas. Del 14 al 17 de noviembre, nueve discapacitados se sumergirán en aguas abiertas en Santa Marta. En diciembre, otros cinco militares mutilados, buscarán la cima del Nevado del Cocuy, sobre 5.200 metros de altitud. En las dos casos serán acompañados y asesorados.
A correr. Para el 2007, la Liga de Deportistas Discapacitados de las FF.AA tiene varios retos en su calendario. De acuerdo con los resultados del Nevado del Cocuy, buscarán otras cimas en Suramérica y un grupo de diez atletas estarán en la Maratón de Nueva York, en noviembre.

JAIME VIANA ROJAS
REDACTOR DE EL TIEMPO

La voz del soldado
"Estuve deprimido... Todo cambió cuando me amputaron: llegó una luz, surgió un ánimo que uno no se explica...".
Édgar Cardona perdió una pierna.
Palabra del Coronel
"A mí sí me cambió la vida, no le voy a vender paraísos, pero siempre he dicho que no me subo a una silla de ruedas ni muerto".
Gabriel Cardona, del Ejército.
El proceso de recuperación física y psicológica de los militares discapacitados

1. Rehabilitación deportiva. Un herido en combate, primero se rehabilita médicamente y luego, se le ofrece un proyecto de vida a partir del deporte.

2. Siguen siendo productivos. En el Batallón de Sanidad, además del deporte, se le da al discapacitado la opción de mejorar su nivel de educación o de trabajo.

3. Cada uno escoge lo suyo. Los discapacitados deciden sus deportes: baloncesto, pesas, atletismo, natación, tenis, etc, para saber en cual se realizan mejor.

4. Entrenan para competir. La liga tiene hoy 70 deportistas que compiten y dominan las competencias paralímpicas que se organizan en el país.

 

 

 

 

 

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